
La idolatro, la venero. Es parte de mi vida, mi cotidianeidad. La llevo siempre en el corazón, en la mente. Donde quiera que valla está.
Es como aquel aleteo inquieto de las aves, aquel salto sorpresivo del gato y tan maravillosa y mágica como la Aurora Boreal.
A veces es electrizante y apasionante, otras es amena y relajante y otras es tan emocionante que logra conmoverme hasta las lágrimas.
Es un grito desgarrador de libertad, una expresión que acompaña culturas, etnias, pueblos y logra derribar cualquier muro, cualquier barrera y logra llegar a un desierto remoto.
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