
Cuando nació la Tierra, no había religiones ni líderes ni guerras, la cuna de la vida era un pan. Los continentes eran uno.
En la inmensidad del Universo, el Sol tenía a alguien más que iluminar y en las penumbras de la noche la Luna se robaba todo el esplendor.
Tuvieron que pasar millones de años para que la vida humana la habitara y dos mil años para que esta la degradara.
Ni vos ni yo empezamos, pero continuamos su deterioro. Estamos estancados en una sociedad opulenta, que no ve más allá de sus bienes materiales.
Sabemos como mejorar nuestra calidad de vida. Sabemos como vivir una vida placentera, pero no sabemos como dejar de hacerlo a costa de otros, incapaces de gritar y de ser escuchados.
Mamá Tierra no llama ni pide ni reclama, pero siente y envejece como vos y yo.
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